Cada día millones de personas inician su jornada, afrontando su vida más o menos como pueden. Para algunos/as el mero hecho de levantarse de la cama ya es un esfuerzo, otros se ponen en pie con ligereza, hay quien afronta el día con una actitud positiva y quien preferiría no tener que salir de casa… ¡es tanta la variedad de actitudes como de personas!, pero lo que todas tienen en común es que viven en una dimensión temporal y cada una es un foco de energía vital. La cuestión del ego, la consciencia y la energía ya se trató en un artículo anterior que puede ser consultado, ahora le toca el turno al tiempo.

El tiempo como lo percibe el ser humano es una sucesión de instantes presentes. Haciendo una analogía con una película de celuloide, el ser humano percibe el tiempo como una sucesión de fotogramas que se suceden uno seguido del otro. La suma de todos los fotogramas (presentes) configura el transcurso del tiempo y el de la vida. Sin embargo, para la Consciencia Cósmica el tiempo no es una sucesión de presentes, es un presente continuo, un presente absoluto, como si no hubiese sucesivos fotogramas sino uno sólo que es todos en sí mismo, un tiempo atemporal, una dimensión vacía del tiempo porque todo Es en una magnitud que es a la vez instante y eternidad. Trataré de explicarlo.

Las personas, habitualmente, viven en una dimensión temporal que atraviesan para llegar desde un momento de su vida a otro, por ejemplo, desde levantarse de la cama hasta llegar al trabajo. Ese transcurrir lo llenan de acciones como vestirse, asearse, desayunar, conducir… De esta manera se atraviesa el tiempo a la vez que se lleva consigo. Ello implica utilizar energía y dejar atrás vida, pues cada segundo que queda atrás es un segundo que nunca podrá ser recuperado. Se puede gastar dinero y volver a ganarlo, se puede romper un vaso y comprar otro o, incluso fabricarlo con las propias manos, pero no hay manera de recuperar ni siquiera un insignificante segundo que ya haya pasado. Suelo decirle a mis pacientes que el tiempo es a la vida lo que la sangre al cuerpo: “el tiempo es la sangre de la vida”.

Ahora bien, del mismo modo que cada persona percibe la belleza, el espacio, los colores o la temperatura de una manera diferente, el tiempo también es percibido de diferentes maneras por las personas. Uno de los factores que contribuyen a ello es el grado de ego y consciencia en el que se vive. El tiempo está vinculado con el grado de conexión que se tenga con el Ser Interior y con la Consciencia Cósmica. ¿En qué baso esta afirmación? En que el ego vive en el pasado y/o en el futuro, mientras que la consciencia lo hace en el presente.

Mientras el ego es el que lleva el mando, éste vive emocional y mentalmente en el pasado y/o en el futuro. La ego-mente está en lo que fue o en lo que será, recordando, quejándose, cavilando, proyectando, suponiendo, anhelando controlar… haciendo aquello que sabe hacer muy bien, que es consumir tiempo y energía en su propio beneficio para seguir creciendo. En cambio, la consciencia sólo vive en presente, cada instante presente no es otra cosa que presente en un continuo flujo en el que la mente-consciencia ocupa toda la dimensión mental y emocional, favoreciendo la conexión con el Ser Interior y la Consciencia Cósmica. De este modo, cuando la persona está en consciencia y en conexión con su Ser Interior el tiempo cambia su naturaleza, es diferente a cuando se está en ego. En la consciencia el tiempo es un todo, un absoluto, vacío y lleno al mismo tiempo; en el ego el tiempo es lineal, relativo, transcurre y no hay manera de salirse de él.

Cuanto más se vive en ego más se vive en ese tiempo relativo y más se consume éste, cuanto más se vive en consciencia más se vive en el tiempo absoluto atemporal y menos se consume el tiempo egóico, el tiempo de vida humana. Es como si hubiese dos tipos de tiempo, el egóico y el consciente, y no se pudiese estar en las dos dimensiones a la vez, o se vive en el tiempo egóico o se vive en el tiempo consciente. En el primero hay un transcurrir, un antes y un después, un dejar atrás, en el segundo hay un “ser” en esa dimensión, en el que nada transcurre porque todo Es, cada segundo es lo que Es y no hay atención puesta en el segundo anterior ni en el posterior porque “ese segundo” en el que se Es, lo abarca todo, aquí y ahora.

Teniendo en cuenta que la mayoría de la población mundial vive en ego el 100% de su vida, la única concepción y percepción del tiempo que pueden tener es la del tiempo egóico. Aunque en ocasiones especiales puedan conectarse con el tiempo consciente esto no es una constante en su vida. El tiempo egóico se convierte en la unidad de medida de la existencia humana. Sin embargo, para el porcentaje de las personas que viven una parte de su vida en consciencia (estadios consciencia + ego y consciencia) el tiempo tiene esa dimensión consciente. Pareciera que cuando se vive en esa otra dimensión el tiempo egóico desapareciese, quedase de lado, se enlenteciese hasta el punto de que la persona puede meter mucho tiempo consciente en poco tiempo egóico y éste da mucho más de sí, como si se estirase o ampliase. Quizás sea el hecho de que vivir en tiempo consciente es vivir aquí y ahora, y entonces las cosas se hacen con atención y concentración, mientras que vivir en tiempo egóico implica estar en el pasado o en el futuro y ello merma la cantidad de voluntad consciente, energía y atención que se puede poner en lo que se está viviendo o haciendo aquí y ahora.

Sea como fuere, da la sensación de que las personas que viven en tiempo consciente aprovechan más su vida, disfrutan más, le van mejor las cosas y son capaces de sacar adelante numerosas actividades y proyectos, mientras que quienes viven en tiempo egóico no consiguen sacarle tanto partido a su existencia. De manera sencilla se puede concluir que vivir en consciencia “estira” el tiempo y que vivir en ego “acorta” el tiempo. Por ello, ampliar la consciencia implica un cambio en la relación que la persona establece con su tiempo interior, pasando a vivir más en tiempo consciente y menos en tiempo egóico. Este es uno de los cambios que se pueden notar cuando se hace un proceso de desarrollo de la consciencia, y no lo cuento “de oídas” sino que tanto en mi caso como en el de aquellas alumnas y alumnos que han dado un salto de consciencia lo hemos podido experimentar en nuestras propias vidas. Eso sí, esto no es algo que suceda de modo milagroso, requiere invertir esfuerzo en un proceso de desarrollo de la consciencia que puede durar años de tiempo egóico. Está claro que no podemos dejar de ser almas en proceso.