El metaobservador observa a la consciencia y al ego, el Ser Interior al metaobservador, el Alma al Ser Interior, el Espíritu al Alma y la Consciencia Cósmica al Espíritu. ¿Cómo se explica esta cadena de metaobservadores? Parece complicado.

Ya hemos visto en escritos anteriores que el ego es un constructo psíquico de la especie humana cuya función y finalidad era, inicialmente, la supervivencia. En el proceso evolutivo de la especie el ego ha ido perdiendo dicha función, al menos en las culturas más desarrolladas tecnológicamente, por lo que su medio de vida (el estrés y el miedo por la supervivencia) se ha desplazado al estrés cotidiano, el exceso y la carencia emocional y el miedo normalizado. El ego utiliza a la mente en un proceso que se puede llamar ego-mente.

La consciencia es otro constructo psíquico cuya función es la evolución de la especie a través de la experiencia vital y la adquisición de aprendizajes, creando improntas en el consciente y en los diferentes niveles del inconsciente (personal, familiar, colectivo y transpersonal). De este modo se favorece la evolución de cada individuo y también el de la especie. La consciencia se nutre de la serenidad, las justas medidas y el Amor. Es una dimensión de la existencia más amplia, profunda y sutil que la dimensión egóica. La consciencia hace uso de la mente en un mecanismo de mente-consciencia.

El metaobservador/a es una nueva figura, creada por la persona en un ejercicio mental y volitivo, de modo que tomando distancia del ego, es decir, diluyendo la identificación de la persona con su ego-mente, es capaz de observar al ego y de crear un espacio mental y emocional para la consciencia, a la que también observa. Desde este lugar mental la persona observa dentro de sí al ego y a la consciencia, como si de dos voces internas se tratasen, de modo que puede reconocer los procesos internos (los por qués, para qués y desde dóndes) que movilizan la atención, la intención, la decisión y la acción (en el caso de la consciencia) o la reacción (en el caso del ego). El metaobservador/a favorece una posición de desidentificación tanto del ego como de la consciencia y el ejercicio de la voluntad consciente y de cierto grado de libertad interior. La observación, consciente y voluntaria, se logra a través de un proceso con varios pasos: parar, silenciar, atender y observar internamente entre otros. Estos pasos se explican en artículos anteriores, como el titulado Querer, saber, poder.

El Ser Interior es una dimensión más profunda de la persona que ya sí se puede situar más allá de la mente. Se trata de la piel externa del Alma, la parte del Alma que está en contacto directo con la persona, y que se comunica con ella a través de la voz de la consciencia. De este modo, cuando se sabe escuchar a la esencia profunda de la persona, su Ser Interior, éste es capaz de comunicar las necesidades internas y profundas para su nutrición, crecimiento y evolución. Aquí es donde puede surgir el conflicto entre lo que la persona desea y lo que su Ser Interior le pide ya que, a menudo, parece no haber coincidencia entre ambas opciones. El Ser Interior está ahí, esperando ser escuchado, pues ofrece su mensaje sin obligar a la persona. Puede observar al ego, a la consciencia y al metaobservador/a y, al menos al principio, da la oportunidad de que la persona siga sus palabras, pero la mayoría de las veces no es atendido. Entonces pareciera que acepta que la persona siga el camino que le parezca, aunque éste sea el marcado por el ego, pero llega un momento en que, siguiendo el impulso recibido del Alma, decide elevar el tono y proponer otros caminos, los dictados del Alma. Cuando no son atendidos se producen el desequilibrio mental, el emocional y por último el físico, en forma de síntomas que no son otra cosa que la voz de alarma de que no se está siguiendo el camino del aprendizaje y la evolución.

El Alma es la parte interna del Ser Interior, la parte trascendente de la naturaleza humana. Se trata de una entidad viva y en constante evolución que, a través de su conexión con el cuerpo, aspira a adquirir los aprendizajes y la sabiduría de cada experiencia vital, pues su finalidad es aprehender y enriquecerse de toda experiencia humana. Cuando la persona se identifica plenamente con su ego el alma no es atendida ni escuchada. Sin embargo, según se diluye la identificación egóica y se despierta a la consciencia, se inicia el contacto con el Ser Interior y con el Alma. Es entonces cuando la persona puede elegir libre y voluntariamente seguir los dictados de su Alma, plasmados en su Ser Interior, y transmitidos a través de la voz de la consciencia. El Alma observa pero no presiona. Para esta energía no hay prisa ninguna, pues su relación con el tiempo es muy diferente a la humana. Sin embargo, cuando el conflicto entre los dictados del alma y los intereses egóicos no se resuelve, el Alma envía avisos (con el Ser Interior como mensajero) para que la persona se dé cuenta. Primero en forma de desarmonía mental, después emocional y por último física. Si la persona no se da cuenta o no hace caso, y sigue caminando por el sendero del ego en aquellos aspectos que el alma quiere transitar por el sendero de la consciencia, hay una pérdida de la armonía y de la serenidad interior, lo que puede llevar a la enfermedad. El Alma observa y avisa, la persona (a partir del despertar de la consciencia) es libre de elegir seguir la voluntad del ego o de la consciencia, pero tarde o temprano (en clave de vidas) el Alma transitará y aprehenderá la experiencia. No está en manos del ser humano limitar el proceso evolutivo del Alma eternamente.

El Espíritu es la energía y la materia que configura la totalidad de lo que existe, al mismo tiempo que la vibración viva y supraconsciente que anima todo lo existente. Sin el Espíritu nada existiría, nada sería. Es el resultado de la acción creativa de la Consciencia Cósmica. Lo existente se ordena según unas leyes que el ser humano va descubriendo a través de la observación y la experimentación (Ciencia y Sabiduría). Obviamente, lo existente es infinitamente más amplio y profundo de lo que la Ciencia puede abarcar, simplemente, la limitada naturaleza humana no llega más allá ni puede comprenderlo, aunque lo tenga delante de sus ojos porque, mientras la ciencia nazca del ego y no de la consciencia y el Alma, no se puede llegar a la esencia más profunda de lo que Es, el Espíritu. Éste es el observador eterno. Todo sucede en Él, en su esencia, así que todo lo que sucede está hecho de la energía y la materia llamados Espíritu. En Él hay una serie de reglas, descubiertas y descritas por algunos seres humanos de elevada consciencia en diversas obras a lo largo de la historia, como por ejemplo en el Kybalión, que son las que rigen esta existencia. Estas reglas canalizan la existencia en el Espíritu sin que Éste tenga nada que hacer, pues no es voluntad sino esencia. Podría decirse que dichas reglas funcionan a modo de autorregulación de lo que existe.

La Consciencia Cósmica  se puede entender como lo que Es más allá de lo que es y lo que no es. Cuando nada hay la Consciencia Cósmica Es y cuando algo hay también Es. No es la esencia que lo impregna todo, pues eso es el Espíritu, es el Todo del que nace toda esencia. Unas palabras que se pueden referir son estas: “todo está en Ti, todo nace de Ti, todo permanece en Ti, todo regresa a Ti”. Se crea o no se crea en el aspecto trascendente de la vida, se quiera o no se quiera creer en la posibilidad de una Consciencia Cósmica, cuando el pensamiento llega al límite de lo concebible se alcanza la nada, el vacío, lo inexistente, ahí comienza la percepción de lo que Es más allá de lo que es y no es en la percepción humana. ¿La Consciencia Cósmica observa? Eso sería pensar según parámetros humanos. Según el nivel de consciencia de cada persona la Consciencia Cósmica es pensada y sentida de una manera diferente y, por tanto, se creerá que observa de una manera diferente. Deepak Chopra, en su libro Conocer a Dios expone las siguientes maneras concebir a Dios: Protector, Poderoso, de Paz, Redentor, Creador, hacedor de Milagros, Ser Puro. Cada uno de estos niveles de concepción responde a un nivel de consciencia diferente de la persona. Pero… ¿de verdad el Observador Último necesita observar?, ¿no hay ya suficientes observadores y metaobservadores?. Si hay leyes que rigen lo existente en el Espíritu y que definen lo existente, es posible que no haga falta que desde la Consciencia Cósmica se mantenga observación alguna. No nos mira con una libreta en la mano apuntando lo que hacemos a favor y en contra de nuestras Almas para luego pasarnos la factura, de eso ya se encargan las leyes que rigen a través del Espíritu, como la Ley Universal del Karma.

Como dejaba caer en el primer párrafo, cada uno de los constructos y entidades es observado por otro más amplio en una suerte de jerarquía cada vez más amplia y profunda de comprensión e interacción con las diferentes dimensiones de la realidad. En sus primeras etapas del proceso evolutivo solamente está en contacto con la primera dimensión, el ego. La inmensa mayoría de las personas nacemos en ego y, como mucho, logramos acceder al despertar de la consciencia, sin por ello llegar a diluir completamente nuestro ego. No hace falta decir que el recorrido que queda por delante es ciertamente inmenso cuando no humanamente infinito. No cabe duda: Todos somos almas en proceso.